Alimentarse no siempre es nutrirse

A menudo se tiende a utilizar las palabras alimentación y nutrición como sinónimas. A pesar de que si bien es cierto que están relacionadas, en realidad tienen significados diferentes. ¿Queréis conocer las diferencias?

La alimentación es el proceso de elección, obtención, preparación e ingestión de los alimentos. Es por lo tanto un acto voluntario, consciente, que tiene que ver con los alimentos cuando éstos están fuera del cuerpo y hasta que llegan a la boca. Se trata de un acto social y cultural, en estrecha relación con la cocina, la gastronomía, las conversaciones alrededor de una mesa y la socialización. Un hecho ligado, entre otros, a las tradiciones, a las festividades, a los gustos y creencias personales, a la identidad, a los recuerdos, a la geografía y al estado de ánimo.

Por otro lado, la nutrición es un acto involuntario, inconsciente, que sucede una vez el alimento ya está dentro del cuerpo, e incluye una serie de procesos biológicos (la digestión, la absorción, la metabolitzación y la eliminación) mediante los cuales el organismo recibe, transforma y utiliza las sustancias contenidas dentro de los alimentos: los nutrientes.

Veámoslo con un ejemplo:

Imaginad que estamos comiendo en un restaurante y el camarero se acerca para ofrecernos los postres del menú. Podemos elegir entre una pieza de fruta natural, un yogur o un pastel de crema y nata.

Puedo decidir alimentarme con una opción saludable que me aporte los nutrientes que necesito, como sería la fruta o el yogur, o bien con una opción menos saludable como la del pastel.

¿Qué escogeré?  

 

Obviamente si me decanto por motivos de salud, seguramente acabaré escogiendo las opciones más saludables. ¿Pero elegimos siempre lo que más le conviene a nuestro organismo?

Seguramente en situaciones parecidas, muchas veces nos hemos decantado por los postres más ricos en azúcares sencillos, grasas saturadas, triglicéridos y/o colesterol, y más pobres en fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes. Es el caso de los pasteles, las natillas, las lionesas, etc.

¿Por qué elegimos estas opciones menos saludables?

La respuesta es múltiple y depende de cada persona y de cada situación:

  • porqué hoy es un día especial
  • porqué estoy de celebración
  • porqué puesto que como en el restaurante me pido unos postres más elaborados
  • porqué he tenido un día muy duro y seguro que ésto me anima
  • porqué si todos los de la mesa piden pastel yo no seré menos
  • porqué el pastel de crema me recuerda a la infancia
  • etc.

Queda claro, pues, que no siempre elegimos los alimentos que mejor nos nutren, y que por lo tanto, alimentarse no siempre es nutrirse. Porque si la nutrición fuera un proceso voluntario, no habría que ponerle mucha atención a la elección de los alimentos. Tan sólo habría que introducir el pastel en la boca y mandar un mensaje al cerebro advirtiéndole de que hiciera el favor de aprovechar tan sólo los nutrientes interesantes y eliminar el resto, o aún mejor, que hiciera ver que el alimento elegido es una pieza de fruta y que nutriera como tal.

Cómo ésto no es posible, habrá que incidir en aquel hecho que sí es voluntario y, por lo tanto, educable: la alimentación. Porque es mediante la educación que podemos conocer que es lo mejor para nuestro cuerpo y para nuestro entorno, y de este modo poder hacer una buena elección de los alimentos con los que alimentarnos correctamente y así asegurarnos una buena nutrición.

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