El despilfarro de comida: propuestas para reducirlo

A raíz del post La comida que tiramos, vimos en el artículo anterior las cifras del derroche de la comida. Esta vez, vamos a por propuestas más prácticas, sino para eliminarlas, al menos sí para reducir las cifras al máximo.

¿Qué podemos hacer?

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En el momento de la compra:

  • Antes de salir a comprar, revisar la nevera y la despensa para evitar comprar alimentos que ya tenemos
  • Planificar los menús en casa, contando cuántas personas seremos y qué necesitamos para no comprar más de lo necesario y así evitar que la comida se eche a perder
  • Elaborar una lista de la compra cerrada y no improvisar mientras compramos, evitando especialmente caer en reclamos publicitarios o de marketing
  • Mientras los alimentos estén en perfectas condiciones de salubridad y no supongan un riesgo de producir intoxicaciones o infecciones alimentarias, bajar nuestro nivel de exigencia y no rechazarlos por motivos estéticos (cómo por ejemplo no rechazar un tomate porque no es perfectamente redondo). En definitiva, estéticamente más imperfectos pero igual de nutritivos y sabrosos
  • En general compramos muchos más alimentos de los que necesitamos (las crecientes cifras de sobrepeso y obesidad son un buen indicador), por lo que un buen consejo sería moderar o reducir la compra de alimentos, especialmente de aquellos menos nutritivos (snacks, dulces, refrescos, precocinados…)
  • Es importante diferenciar entre la fecha de caducidad y de consumo preferente para evitar rechazar o tirar (una vez en casa) alimentos que todavía están en buenas condiciones. En referencia a esto, tener en cuenta que la misma UE se está planteando alargar las fechas de caducidad
  • Comprar productos locales y de temporada, y a ser posible, en cooperativas, mercados y pequeños establecimientos, evitando las grandes superficies que son las que más exigencias hacen a los productores para que los productos tengan la medida y aspecto deseable, provocando el rechazo de aquellos alimentos que no siguen el canon establecido. Es un consejo que también nos propone el informe de la FAO
  • Mejor adquirir productos a granel y sin embalajes (pescado, frutas, verduras, legumbres…). Además de ser más ecológicos puesto que no contienen tantos envases, permiten ajustarse a las cantidades de alimentos que realmente necesitamos

En casa:

  • Conservar correctamente los alimentos:
    • Al guardar la compra, colocar los alimentos viejos más a mano y los nuevos detrás. De este modo consumiremos antes los que estén más próximos a caducar
    • Conservar los alimentos envasados según las indicaciones de los envases
    • Organizar correctamente la nevera para alargar la vida útil de los alimentos (los vegetales en los cajones, los alimentos bien tapados, sin apretujar…)
  • Aprovechar al máximo la comida:
    • No preparar más cantidad de la necesaria, y en caso de que se haya hecho, refrigerar o congelar la comida que haya sobrado
    • Aprender a ser creativo y cocinar con los ingredientes disponibles. Es posible que incluso acabemos descubriendo nuestra propia receta y especialidad de la casa! Y sino, siempre podemos recurrir a la tradición y preparar con los restos canelones, croquetas, pan rallado, purés, mermeladas, etc.
    • Servirse la cantidad justa en el plato según nuestras necesidades y tomar el compromiso de acabárselo
    • Con los residuos orgánicos, y si tenemos espacio en casa, podemos preparar compostaje como abono para las plantas. Si además tenemos la suerte de tener un pequeño huerto, todavía mejor. De este modo cerramos el círculo
  • La educación es una herramienta indispensable para evitar el despilfarro. En este sentido, la propuesta es hacer llegar al máximo número de personas la información de la magnitud del derroche, sus causas, pero también sus soluciones. Por ejemplo:
    • Con el visionado y difusión de documentales, imágenes y/o lecturas sobre el tema (os adjunto varias propuestas al final del post)
    • Asistir a charlas sobre el tema y hacer difusión de la información
    • Preparar actividades con la familia (también con los más pequeños) para hacer conciencia y difusión

En el restaurante o comedor colectivo:

  • No pedir más del que comeremos
  • En restaurantes de bufet libre, no coger más del que somos capaces de comer (aunque sea “gratis”)
  • Tenemos que tener presente que por ley, aunque no hayamos tocado el plato, la comida no se puede reutilizar ni dar a quien lo necesite. Entonces, para evitar que la comida ya preparada acabe en la basura, tenemos que ser razonables tanto en el momento de pedir como de servirse
  • Si hemos pedido más comida de la que nos podemos acabar, podemos pedir que nos la pongan en una bandeja para llevar. Hay gente a quién pedirlo les da vergüenza, pero pensad que podéis evitar que comida en buenas condiciones acabe en la basura, y de paso, ya tenemos la comida preparada para la siguiente comida
  • En el supuesto de que trabajemos y/o tengamos la posibilidad de hablar con el equipo responsable y los cocineros de los comedores colectivos (escuelas, comedores de empresas, residencias de gente mayor…) donde sabemos que se están derrochando grandes cantidades de comida, puede ser una buena idea replantear qué está fallando para reducir las cifras de este derroche. Es posible que los platos que se estén sirviendo no sean del gusto de los comensales (por gustos personales y locales, porque no están cocinados con gracia…) o que las raciones estén mal calculadas para el colectivo a quién van dirigidas.

Algunas peticiones:

Cómo pudimos ver en el documental, la gran mayoría de supermercados y grandes superficies tiran enormes cantidades de alimentos en buenas condiciones cuando todavía son aptas para el consumo humano. Algunas personas, conocedoras de este hecho, esperan la oportunidad para coger la comida de los contenedores.

No obstante, son cada vez más los establecimientos que tiran los alimentos en contenedores ubicados dentro de su superficie. De tal modo que los camiones entran, recogen la basura y salen del edificio llenos de la comida tirada. Todo pasa de puertas adentro, por lo que las personas que solían recoger la comida de la basura ya no lo pueden seguir haciendo.

Se debe tener en cuenta que si un establecimiento da comida en mal estado a alguien (sin saberlo, claro) y esta persona se intoxica, puede demandar al establecimiento, que tendrá que pagar una indemnización por los daños causados. Recuerdo algunas conversaciones con cocineros que me han comentado las veces que han tenido que tirar comida ya preparada porque han calculado más personas de las que finalmente han venido. Delicias que nadie ha probado y que acaban en la basura.

Y yo me pregunto… ¿no se pueden modificar las leyes? Evidentemente que las normas de higiene se tienen que cumplir, pero es posible que quizás estemos exagerando un poco. No se trata de dar comida en mal estado, sino de comida que se ha retirado de la venta por ser “fea”, por envases de cartón arrugados, de comida a la que todavía le queda una semana de vida útil, de platos preparados y no servidos que si se mantienen refrigerados y en buenas condiciones podrían ser aprovechados (y degustados) por otras personas. ¿O es que a caso es más ético evitar una hipotética intoxicación alimentaria que evitar que la gente pase hambre?

En este sentido, llama la atención una noticia publicada ya hace un tiempo, donde algunos Ayuntamientos, bajo el argumento de que ensucian la vía pública, criminaliza las personas que recogen la comida de la basura con multas de hasta 750 euros. O la de un hombre en Bélgica, condenado a 6 meses de prisión por haber cogido dos bolsas de magdalenas caducadas de la basura. ¿Pero quién es más criminal, quién rebusca en la basura o quien tira la comida en buenas condiciones?

Ante este panorama,¿cuáles pueden ser las posibles soluciones? Yo os propongo que:

  • Pidamos a los establecimientos que redistribuyan y den los excedentes de comida todavía aptos para el consumo, a las personas y colectivos que los necesiten
  • Pidamos a las empresas y a los supermercados que bajen las exigencias cada vez más duras del aspecto de los alimentos (evidentemente, nosotros somos los primeros que también las tenemos que bajar) y que no pidan un exceso de stock
  • Pidamos que el exceso de stock, la comida que no se pondrá a la venta o ya no se venderá (no sólo de los establecimientos sino los propios distribuidores que a veces tienen que tirar alimentos porque la fecha está próxima -que no inmediata- a caducar, y ningún cliente lo querrá comprar), sea dada a los bancos de los alimentos. Pero atención, es importante que la comida que se dé a estas entidades sea la que estaba destinada a acabar en la basura. No es una buena solución (para reducir el derroche) que seamos nosotros quien compremos los alimentos al supermercado y después los demos. Si lo hacemos así, no colaboramos a reducir el derroche. La idea es que se puedan aprovechar los alimentos que irían tirados.

Cómo siempre, os animo a opinar y enviar vuestras sugerencias y propuestas para reducir el derroche. ¡Entre todos seguro que se nos ocurren más ideas!

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Por último, os dejo una recopilación de fuentes para la educación, elemento imprescindible para revertir la situación:

Páginas web:

Audiovisuales y lecturas:

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2 comentarios en “El despilfarro de comida: propuestas para reducirlo

  1. natu fort dijo:

    Muy buena reflexion…”O es que a caso es más ético evitar una hipotética intoxicación alimentaria que evitar que la gente pase hambre?”. Genial. Sdos desde Argentina.

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