Enseñar a comer es enseñar a crecer

“Esta entrada participa en la 1ª Edición del Carnaval de Nutrición”

El próximo día 28 de mayo se celebrará el Día Nacional de la Nutrición. En esta XI edición, la FESNAD ha propuesto bajo el lema “Enseñar a comer es enseñar a crecer”, trabajar en torno a la importancia que desempeña la familia en la adquisición de los hábitos alimentarios. Y no es para menos.

Hace unos meses salía en los medios de comunicación la  noticia de que las cifras de obesidad infantil en España superaban ya las de Estados Unidos. Un escalofriante 19% de niños obesos en España, frente al no menos escalofriante 16% de Estados Unidos. Meses antes de esta noticia, salían a la luz los datos del estudio ALADINO, realizado en nin@s pertenecientes a todas las Comunidades Autónomas de España, y que proporcionó las cifras de obesidad anteriormente citadas.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), comparando los resultados de los estudios enKid y ALADINO, publicaba hace escasos días un dato igual o más alarmante que los anteriores: el 44,5% de los menores españoles padece exceso de peso. Es decir, casi la mitad de los niños del país (¡¡!!). Datos como éstos son los que nos hacen hablar ya no sólo de una enfermedad sino de una epidemia. En esta publicación, la SEEDO concluye que la prevalencia de sobrepeso y obesidad se incrementa en l@s nin@s que no desayunan, que comen en casa, que no duermen lo suficiente y que llevan una vida sedentaria. ¿Aún quedan dudas de la importancia que tiene la familia en la prevención de la obesidad infantil?

Salta aún más la alarma cuando se lee en las conclusiones del estudio ALADINO que estamos ante un grave problema de salud pública que “predice la carga de obesidad que sufriremos en un futuro y de enfermedades crónicas asociadas (diabetes, hipertensión, cardiovasculares, cáncer)”. No es ninguna novedad, es algo que los dietistas-nutricionistas y otros profesionales de la salud veníamos anunciando hace ya mucho tiempo. Pero la cosa no acaba ahí. En dichas conclusiones, se constata que La obesidad infantil afecta más a la clases sociales desfavorecidas por lo que Las intervenciones educativas deben dirigirse a las clases sociales con bajo nivel de renta y estudios para reducir las desigualdades en salud”. Que buen panorama de futuro, más teniendo en cuenta los recortes sanitarios con los que nos enfrentamos hoy en día, y que por ende, afectan aún más a dichas “clases sociales desfavorecidas”.

Si nuestr@s niñ@s son casi los más obesos de Europa, si las cifras de obesidad infantil superan ya a las de los Estados Unidos, si se calcula que entre el 60 y el 80% de los que sufren obesidad continuará con este problema en la edad adulta, si la obesidad se relaciona con el riesgo de padecer multitud de enfermedades (diabetes, hipertensión, colesterol elevado, ciertos tipos de cánceres), si el gasto sanitario de la obesidad y sus consecuencias no para de aumentar y la sanidad tiene cada vez menos recursos económicos, no hace falta decir que la prevención resulta más que imprescindible.

La noticia de que las cifras de obesidad infantil superan ya las de Estados Unidos es casi más alarmante por la imagen que se tiene del país, que no por las cifras en sí. Todos tenemos en mente imágenes de personas muy obesas paseando por las calles de Nueva York con un perrito caliente en las manos o sentadas a duras penas en un banco en el parque, y estoy casi segura que si os pregunto a qué creéis que se debe que este país se haya considerado el rey de la obesidad, muchos responderéis sin dudar que es por lo mal que comen. Claro, comida basura y fast food por doquier en dosis gigantes y porciones desmesuradas. Pero, entonces ¿a qué se deben las escalofriantes cifras de obesidad españolas? Si aquí hacemos todos la Dieta Mediterránea, ¿no? ¿Seguro? Vamos a verlo con este pequeño test que os propongo (atención, este test no tiene ni pretende tener carácter científico alguno):

El test de la Dieta Mediterránea

  1. ¿Tu alimentación está basada en el consumo de vegetales y hortalizas frescas y de temporada en abundancia (es decir, varias veces al día y todos los días del año)?
  2. ¿Consumes más pescado que carne?
  3. ¿Reservas  la carne para un consumo esporádico y ocasional?
  4. ¿Consumes legumbres como fuente de proteínas (en lugar de la carne) varias veces a la semana?
  5. ¿Consumes aceite de oliva virgen tanto para cocinar como para aliñar como fuente principal de grasa?
  6. ¿Consumes más productos vegetales (cereales, legumbres, hortalizas, frutas…) que productos animales (lácteos, carnes, pescado, huevos y derivados)?
  7. ¿Hay poco espacio en tu alimentación habitual para la bollería industrial, los snacks y los  refrescos azucarados?
  8. ¿Consumes frutos secos crudos o tostados de manera habitual?

RESULTADO DEL TEST:

Si has contestado que sí a todas o casi todas las preguntas: ¡Felicidades! Disfrutas de los beneficios de una de las dietas más saludables del mundo (que no la única, por supuesto)

Si has contestado que no a varias preguntas: No pasa nada, el primer paso para el cambio de hábitos es tomar conciencia del problema. Y el segundo, consiste en la educación alimentaria.

 

La educación alimentaria para la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables

La tarea de educar (tanto para el que la da como para el que la recibe) no es fácil. Requiere esfuerzo, grandes dosis de paciencia y tiempo. ¡Ay, el tiempo! uno de los elementos que más nos escasea. Estoy de acuerdo en que el trabajo deja poco tiempo para dedicar a la educación de los niños, pero la solución pasa por gestiónalo correctamente. Se dedica mucho esfuerzo a que los niños aprendan idiomas y hagan los deberes, pero en general (por supuesto hay excepciones), dedicamos muy poco tiempo a la educación de los (buenos) hábitos alimentarios.

Se tiende a delegar ese trabajo a la escuela en general y al comedor escolar en particular, con expresiones del tipo: “bueno, por lo menos en el cole come verduras”. Y sí, al menos ahí las come, aunque mal me pese, no siempre en la cantidad deseable. Porqué verduras hay que comer todos los días, un mínimo de dos raciones, ya sea en forma de ensalada, como guarnición, como ingrediente en las recetas, etc. Que no sirva entonces de estrategia el delegar toda la educación alimentaria a la escuela, pues no todas las comidas se realizan ahí.

Cómo ya sabéis, cuando los niños son pequeños, su mundo se reduce a su familia y a la escuela. Es por lo tanto muy importante que las pautas de educación que se reciben en uno y otro ámbito sigan la misma línea. De poco sirve que en el comedor de la escuela los monitores  se esfuercen (que de primera mano conozco muchos casos en que es así) para educar en unos buenos hábitos alimentarios (que se acaben la comida del plato, que coman de todo, que no tiren la comida, etc.) si luego en casa observan otra cosa. O el caso contrario, de cómo se diluye el esfuerzo que hacen los padres por educar correctamente a sus hijos si luego en la escuela no se refuerzan esos hábitos. Por eso es muy buena idea la realización de reuniones periódicas entre el equipo pedagógico de la escuela, los monitores, los cocineros, los dietistas y los padres. Para trabajar todos en la misma línea. No hay que olvidar que el comedor escolar es un aula más de la escuela, dónde no se aprenden fórmulas matemáticas pero sí se aprende a comer correctamente, que a mi entender, resulta de vital importancia.

Y en casa, ¿qué se puede hacer?

Pues predicar con el ejemplo. Será poco probable que nuestros hijos coman pescado, legumbres y verduras de manera habitual si nosotros no lo hacemos. Difícil será que el niño acepte de buen grado un plato con acelgas si oye a los padres hacer comentarios negativos sobre ellas, o si mientras a él le servimos verduras nosotros nos comemos otros alimentos, alegándole que a nosotros no nos gustan. En este sentido, hay que ir con pies de plomo con los comentarios y las amenazas que se hacen sobre los alimentos, aunque sea muchas veces de manera inconsciente. Poneros por un momento en la piel de un niño. ¿Qué pensarías si te sirven un plato en la mesa y antes de que hayas probado bocado te dicen en tono amenazante: – acábatelo todo, ¿eh?? Sólo falta añadir y sin rechistar. Vaya comienzo, así cualquiera le coge cariño a los alimentos…

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Como decíamos, educar para la adquisición de unos buenos hábitos alimentarios no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo. Y como antes lo hagamos, mejor. Porque es durante los primeros años de vida que se adquieren y se consolidan los hábitos alimentarios, así que vale la pena empezar bien. Si un niño observa en su casa que se comen vegetales y legumbres de forma habitual y con toda naturalidad, lo más probable es que él también lo haga, adquiera este hábito tan saludable y no plantee ningún problema al comer estos alimentos. No estoy diciendo que conforme van pasando los años sea imposible modificar los hábitos (ni mucho menos), pero sí es verdad que como más años lleve una persona habituada a hacer algo, más difícil le resultará cambiarlo.

Entonces, ¿qué debo darles de comer?

Pues lo mismo que comamos nosotros, siempre que sigamos una alimentación saludable. Y es que a partir de los 3 años, la alimentación del l@s niñ@s debe ser igual que la de los adultos, lo único que cambia son el tamaño de las raciones. Eso significa que no hay que prepararles una comida especial y a su gusto, diferente a la nuestra. No es ni necesario ni mucho menos recomendable, pues no predicamos con el ejemplo.

Habrá algunos padres, que sin mala intención, prefieren no prepararles a sus hijos demasiados platos con pescado, legumbres o verduras. Cuándo se les pregunta el porqué la respuesta suele ser que a los niños no les gustan estos alimentos. ¿En serio? ¿A todos los niños? ¿Será que nacen con esa predisposición o que pertenecen a otra especie diferente a la de los adultos? ¿O será más bien que solemos poner en boca de los niños esas verdades “absolutas” que circulan de boca en boca por nuestra sociedad? Basta viajar a otros países y a otras culturas para ver que ahí los niños comen legumbres, hortalizas y pescado sin ningún tipo de problema. Es más, hasta forman parte de sus alimentos preferidos.

Así que os propongo cambiar de actitud frente estos alimentos, introducirlos de forma habitual y con toda naturalidad en nuestra alimentación, no convertir la cena en un campo de batalla, hacer partícipes a l@s niñ@s de la compra y preparación de los platos, predicar con el ejemplo, darles tiempo para acostumbrarse a los nuevos sabores, y sobre todo, permitirles a ellos decidir si les gustan o no esos alimentos que de entrada damos por sentado que no les gustarán. Cuidado con poner palabras en boca de los l@s niñ@s, se trata de pensar EN ellos y no POR ellos. Un cambio de preposición para una buena propuesta educativa 😉

Si lo hacemos así, estaremos apostando por enseñarles unos buenos hábitos alimentarios que les ayudaran a mejorar su salud y a prevenir futuras enfermedades. Recordad que la alimentación es una actividad educable, y por lo tanto, se puede modificar y mejorar.

Porque ENSEÑAR A COMER, ES ENSEÑAR A CRECER.

 

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13 comentarios en “Enseñar a comer es enseñar a crecer

  1. monitor comedor barcelona dijo:

    Me ha gustado mucho tu post, espero que muchos padres lo lean. Actualmente trabajo como monitora de comedor escolar, y aunque tanto yo como mis compañeros debemos ser conscientes de la responsabilidad educativa que tenemos en nuestras manos, la alimentación en casa también es fundamental para aprender a comer sano.
    ¡Saludos!
    Miriam

    • educalimentacion dijo:

      ¡Muchas gracias Miriam! toda la razón. Es una responsabilidad que debe ser compartida entre las familias, el equipo pedagógico de las escuelas, pero también de toda la sociedad.

      En educación alimentaria, aún hay mucho camino que recorrer, pero también mucho por ganar 🙂

      ¡Un saludo!

  2. Naira dijo:

    Buena entrada, gracias al primer carnaval de nutrición acabo de conocerte….Yo me pregunto: ¿qué fue de la dieta mediterránea?Debe ser que ya no se estila…:)
    Un saludo

    • educalimentacion dijo:

      ¡Muchas gracias Naira! ¿Dónde fue a parar la dieta Mediterránea? pues en boca de muchos que creen que la siguen pero en boca de pocos que realmente la comen 😉

      Me guardo tu blog en los favoritos

      ¡Un saludo y nos leemos!

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